Hoy me conmovió profundamente  una canción,   que inspiró el nombre de este artículo:

“S.O.S, de un terrícola que sufre” [i]

La canción nos habla de alguien que no se siente a gusto consigo mismo, ni con la vida. Cree que nunca se ha sentido realmente con los pies en la tierra y cuenta que desearía ser un pájaro que sintiendo el llamado de lo alto,  vuela hacia un sueño. Tal vez allí encuentre una perspectiva más hermosa de la vida y del mundo. Se pregunta por su experiencia vital de sufrimiento, y expresa su  anhelo de descubrir  respuestas, que tal vez, intuye,  vengan de ese sitio al que quisiera volar.

La canción tiene belleza poética y musical y  la versión que escuché, interpretada por una jovencísima y talentosa artista[ii], sugiere reminiscencias de los tiempos de nuestra adolescencia,  en que comenzamos a reflexionar sobre el sufrimiento de la vida y nuestra condición humana. El arte, es así de importante, abre puentes para que,  como seres sintientes que somos, podamos vibrar con las experiencias y trascenderlas.

Estar a gusto contigo misma….aún en las malas

Casi todos hemos pasado por momento o períodos, de desesperación y rechazo profundo de nuestras vivencias de dolor. No queremos sentir lo que sentimos, es comprensible. Pero además experimentamos rechazo hacia nuestra propia persona. Sentimos rechazo por no ser suficientemente buenos, felices, capaces, saludables, en fin cualquier variante de no ser suficiente. No nos gusta lo que vemos en el espejo, no nos gusta quienes somos. Nos sentimos quizás como sapos de otro pozo, con un sentimiento de no encajar en este mundo, no pertenecer, como expresa esta canción.

Tal vez, sea la tarea de toda una vida, aprender a vivir con un cerebro humano, y en particular con nuestro propio cerebro humano. La genética heredada, y las experiencias de la infancia, moldean las  particularidades de su cableado. Pero sea cual sea ese cableado individual, no podemos escapar a la estructura cerebral que nos es común, y alberga las posibilidades y límites de la experiencia humana.

Pedir auxilio y el chip de la bondad

Una posibilidad maravillosa de nuestro cerebro, que hace posible que esa canción se haya escrito,  es que al mismo  tiempo que podemos sentir el dolor emocional, tenemos viva en nosotros la esperanza de que alguien o algo nos va a escuchar, y va a acudir en nuestro auxilio.

En neurociencia y psicología, esa capacidad de esperanza, se vincula con el apego, sistema de calma, de filiación, de conexión. Y es que venimos cableados para poder sentir el dolor del prójimo, sensibilizarnos, y que nazca en nuestro corazón el deseo de ayudar. Es decir, que tenemos instalada como un chip, la semilla de la bondad.

En muchas ocasiones, nos cuesta ser bondadosos con nosotros mismos. Creemos que la auto crítica dura, nos va a sacar buenos, que si no somos duros con nosotros mismos no vamos a aprender, que no vamos a progresar en la vida. En realidad, la investigación ha mostrado, que es justamente al revés. La actitud corajuda de ir al encuentro de nuestro dolor con intención de ayudarnos, de permanecer cerquita de nuestro sufrimiento y hacernos buena compañía, alivia el sufrimiento, ayuda a sanar las heridas, y permite aprender de la experiencia vivida. Por el contrario la crítica dura, nos avergüenza y debilita.

Una mente bondadosa, es una mente más feliz

Matihieu Ricard, monje y científico, afirma que entre todas las cualidades humanas, la que más correlaciona con la felicidad, es tener una mente bondadosa.[iii]

¿Por qué?

Satisfacer ese llamado a la bondad que anida en nuestra humanidad, en nuestro corazón y cerebro, es lo que nos produce la  satisfacción más profunda. Por el contrario, como sabemos, andar detrás de la zanahoria de turno, produce una satisfacción efímera, y deja un vacío que nos conduce de un modo compulsivo a lo próximo a obtener o lograr.

Ser bondadosos con nosotros mismos y los demás  seres vivos, promueve en nuestro organismo la circulación de hormonas como la oxitocina y endorfina, que se relacionan con sentimientos de calma, confianza, seguridad, cuidado,  calidez, empatía  y amabilidad.

Escuchar el S.O.S de nuestros cerebros terrícolas

Te invito a volver a escuchar el bello S.O.S de esta canción. Dejándote conmover por este pedido de ayuda, nota como tal vez brote en ti la bondad. Solo se puede ser empático con lo que se conoce. Permite, mientras escuchas, que tu mente arrulle el dolor que expresa la canción, con los mejores deseos para nuestra humanidad compartida.

Aquí van mis deseos:

Que desde la firmeza de nuestros pies, bien plantados  en la tierra, podamos mirar hacia nuestros sueños, y que éstos nos inspiren  y nos nutran.

Que todos sintamos que pertenecemos y tenemos un lugar.

Que cuando nos sintamos fatal, conservemos la esperanza de ser socorridos, y elijamos acercarnos a las personas y situaciones correctas.

Que cuando nos sintamos fatal, podamos recurrir a nuestro propio amparo y fuerza, para darnos a nosotros mismos lo que necesitamos para seguir adelante y aprender de lo vivido.

Que la vida sea una aventura digna de ser vivida.

Gracias a los artistas que tienen el coraje y la habilidad de entrar profundo en sus heridas, transformando dolor en belleza. De esa forma colaboran, para que todos, al contemplar sus obras, sintamos  la invitación que la vida nos propone a cada uno.


[i] Traducido del francés: S.O.S. d’ un terrien en Détresse. Canción compuesta por Michel Berger y escrita por  Luc Plamondon en 1978 para la ópera de  rock,  Starmania.

[ii] Giulia Falcone https://www.youtube.com/watch?v=fyMkoB29INQ

[iii) https://www.youtube.com/watch?v=GFM_rYVKzFw

Traducción letra de la canción «SOS de un terrícola que sufre«

¿Por qué vivo, por qué muero?

¿Por qué río, por qué lloro?

He aquí el SOS

de un terrícola angustiado.

Nunca tuve los pies en la tierra,

preferiría ser un pájaro,

no estoy a gusto conmigo mismo.

Querría ver el mundo al revés,

por si fuera más hermoso,

más hermoso visto desde arriba,

desde arriba.

Siempre confundí la vida

con los cómics,

tengo como ganas de metamorfosis,

siento algo

que me atrae,

que me atrae,

que me atrae hacia lo alto.

En la gran lotería del universo,

no escogí el número acertado,

no estoy a gusto conmigo mismo.

No tengo ganas de ser un robot:

metro, trabajo, dormir.

¿Por qué vivo, por qué muero?

¿Por qué río, por qué lloro?

Creo que capto ondas

venidas de otro mundo.

Nunca tuve los pies en la tierra,

preferiría ser un pájaro,

no estoy a gusto conmigo mismo.

Querría ver el mundo al revés,

preferiría ser un pájaro,

duerme, niño, duerme.