Lo diverso visto como riqueza, abundancia, multiplicidad.
Esta mañana fui a la feria y me pasee por los puestitos, apreciando todas las opciones a mi disposición. Frutas y verduras de estación y algunas exóticas, traídas de otras latitudes. Pescados capturados en océanos diferentes, variedad de quesos, cuyas recetas trajeron las diferentes inmigraciones que hoy componen nuestro acervo gastronómico.
Mientras deambulaba por los coloridos y perfumados puestos, escuchaba diversos acentos de nuestro idioma. El suave cantito de un puestero venezolano, el dicharachero de una cubana, y el familiar acento Montevideano. Unos compradores franceses, me recordaron mi propio origen por la rama paterna, y la música que llegaba desde una casa con sus ventanas abiertas, me hizo tararear en inglés.
Fui consciente, de la fiesta de diversidad allí presente, y mi paseo de compra, se hizo muy placentero e interesante.
Lo diverso es variado, múltiple y abundante, y nos conecta con la esencia que se manifiesta en todo lo que existe.
Sin duda hay bastante consenso en apreciar la vital importancia de la diversidad biológica, hoy amenazada por la expansión de la especie humana en el planeta. Las investigaciones de ecologistas y biólogos, muestran como la llamada biodiversidad garantiza el equilibrio y el bienestar en la biosfera. Nuestra especie, así como toda forma de vida, es un producto de esta diversidad.
Es impactante pensar que la biodiversidad que hoy se encuentra en la Tierra es el resultado de cuatro mil millones de años de evolución, y es el sustento de la red de vida de la que formamos parte.
Muchos colectivos piensan que la diversidad en el ser humano, se expresa en la riqueza de culturas, lenguas y etnias, y es vista como un patrimonio a preservar. Por lo menos, es políticamente correcto pensarlo así, para grandes mayorías.
Conceptos como diversidad sexual, o diversidad de capacidades, han sido más resistidos, pero se hacen oír desde no hace tanto tiempo.
Lo cierto es que cada vez somos más conscientes de que hay muchas maneras en que se expresa nuestra naturaleza humana, y eso es una riqueza.
Un concepto menos conocido es el de la Psicodiversidad.
La psicodiversidad al servicio de la adaptación
Mi familia, como la mayoría, es una tribu con varias especímenes.
Mi madre, tenía una mirada poética de la vida, y en una tarde ventosa de otoño, podía enseñarme a mirar “porqué las hojas se peleaban”, en el remolino que las empujaba unas atrás de otras. Mi padre , de temperamento expansivo, llenaba de música y alegría las mañanas de domingo. Mi abuela, una aventurera de la vida, me hacía soñar con otros mundos, con sus cuentos de los países que había recorrido, y las peripecias que la habían traído a estas tierras desde su Francia natal, incluida la historia fantástica de un gran amor.
La rama de mi marido, aportó una excelente dosis de prudencia, y perseverancia. Y algunos rasgos paranoicos que entraron a la familia, salvaron a más de uno de malas inversiones.
Una dosis de histrionismo en algunos integrantes, han hecho las delicias de las reuniones familiares. Están los eruditos, que siempre saben datos interesantes, los que saben convocar desde la ternura, y los pacifistas, tan necesarios en tiempos de conflictos. Por suerte también están los que rompen algunas normas abriendo las cabezas de todos.
Las características de cada uno han aportado, y sin duda han enriquecido a la familia, aumentando la capacidad de adaptarnos a diferentes momentos. A sobrevivir en tiempos de guerra, a descubrir nuevas posibilidades, a preservar y cuidar, disfrutar y recordarnos que la vida es bella a pesar de todo. La gran familia humana, ha podido sobrevivir y expandirse, por la colaboración de las diversidades individuales.
Alegato por cierta dosis de “anormalidad”
También hay que admitir que las mismas características que aportaron en una situación, pueden volverse desadaptivas en otras. Es verdad que todo tiene la otra cara de la moneda. Así es nuestra naturaleza humana.
Darnos cuenta de que somos portadores individuales de características que han ayudado a la especie, puede ayudarnos a aceptarlas, a ser más tolerantes con los demás, y a volvernos responsables de modular los dones que hemos desarrollado.
Los ansiosos somos descendientes de sapiens que supieron desarrollar la capacidad de anticiparse al peligro. Los artistas que saben bucear en el alma humana, pueden sumergirse en las sombras para traernos a todos la joya de la belleza y nuevas comprensiones. Los meticulosos, son capaces de observar detalles importantes, que pasen desapercibidos al alegre optimista.
Cierta dosis de “anormalidad”, es adaptativa para la especie, forma parte de la diversidad que caracteriza a la vida. Una dosis mayor nos catapulta muchas veces al sufrimiento individual, y colectivo. Demasiada uniformidad, nos volvería vulnerables como especie, y muy aburridos como individuos.
A nivel individual, navegar el camino medio, es nuestro desafío para hacer de nuestra “ pequeña anormalidad”, un don.
A nivel colectivo, cuánto más inclusivo sea nuestro horizonte, mejor podremos cultivar como sociedad, las virtudes inherentes al corazón humano: tolerancia, compasión, amor, aceptación. Practicar estas virtudes es la base para que las facultades cognitivas, el discernimiento, no se vean nublados por intereses que nos empobrecen.
La especie humana, como lo indican los historiadores, viene conquistando una mirada más inclusiva de aquello que merece cuidado y respeto. Pensemos que no hace tanto tiempo, diferentes colectivos, como las mujeres, los esclavos, “los diferentes” por ser de otro color de piel, otra tribu, u otra orientación sexual, los niños, no eran vistos por las mayorías como seres con derechos. Estamos volviendo a concebir a la naturaleza como algo de lo que somos parte, y debe ser cuidado, comprendiendo que la práctica de expoliarla, lleva a nuestra propia aniquilación.
Tal vez en algún momento, la madurez de una persona se mida por la amplitud con la que pueda mirarse a sí mismo, a los demás, y todo lo que nos rodea.
Margarita Ungo