En lo más crudo del invierno, aprendí por fin, que dentro mío hay un verano invencible”

Albert Camus

Estamos de a poco saliendo del modo “amenaza”, que podríamos decir, caracterizó el período de confinamiento voluntario, y entrando a la transición hacia una  “nueva normalidad”. Comenzando a  imaginar nuestras vidas en condiciones muy diferentes a las que estábamos acostumbrados, hace apenas un mes y poco.

Por muchos meses, tendremos que  adaptarnos a cambios que nos afectarán en lo más íntimo, hábitos de socialización, formas de expresar el cariño, sexualidad de aquellos que no tienen pareja estable, formas de trabajar, por nombrar sólo algunos. La imposibilidad de encontrarnos en grupo, nos desafiará a encontrar formas alternativas de aprender, hacer deporte, practicar una religión, bailar, asistir a espectáculos. Por un tiempo, el uso de los espacios comunitarios como plazas, consultorios, escuelas, shoppings, boliches, tendrá que reformularse, así como los rituales de celebraciones y todo aquello que signifique reunión de humanos.

Una sacudida gigantesca, que nos está brindando la oportunidad de desempolvar la increíble capacidad de adaptación, que desde tiempos inmemoriales los humanos hemos desarrollado. Un desafío que puede impulsarnos a un cambio profundo en aquello que valoramos, en lo que percibimos como valioso y  de verdad  importante.

Nos enfrentamos día a día,  a la experiencia cercana, de comprender que realmente estamos todos en el mismo barco, y que el avance de la infección por coronavirus, incluso en aquellos que consideramos más lejanos a nosotros, nos afecta a todos, nos vuelve como un boomerang, comprometiendo la salud comunitaria. Como nunca tendremos la oportunidad de experimentar la interdependencia, interconexión que existe entre todos los seres, hecho  que en la vida ordinaria, muchas veces olvidamos o no percibimos.[1]

“No importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, dentro de mí, hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta” Camus

La presencia del virus, sin duda,  está produciendo mucho dolor a  las familias que les toca sufrir la pérdida de seres queridos, y será muy difícil para los que tengan que atravesar la pérdida o debilitamiento de su fuente de trabajo, o directamente la enfermedad. Las consecuencias de la cuarentena, en la población que ya presentaba condiciones adversas, ya se empiezan a notar, con un aumento de síntomas del área emocional y empeoramiento de situaciones de vulnerabilidad social.

Pero también es cierto que convivir con el Covid 19, podrá ser una experiencia que nos empuje a replantearnos profundamente la vida que estábamos llevando. Nuestra relación con la naturaleza, la degradación de los ecosistemas y la biodiversidad, cómo el daño que estamos haciendo al equilibrio planetario, nos vuelve a nosotros como un boomerang, ya que somos  parte de la naturaleza en desequilibrio.[2]

Esta época, que nos está tocado vivir, en la que estamos viviendo con muchas menos distracciones, quizá traiga algunas oportunidades. Por ejemplo, conectarnos con lo simple de la vida; tendremos menos cosas para hacer hacia afuera, menos actividades y productos que consumir, y tal vez, la oportunidad de volver a una vida más esencial. Más oportunidades de habitar nuestro presente, y reaprender a saborear la textura de la experiencia de estar vivos.

Descubriendo el poder propio

Todos tenemos fortalezas internas, todos, también los más vulnerabilizados.

En la vida ordinaria, la que solíamos llevar, pocas veces tenemos oportunidad de conectar con ese reservorio que hemos heredado de tantas y tantas generaciones que nos precedieron. Seguro todos tenemos detrás,  hermosas historias de coraje de nuestros ancestros inmigrantes que descendieron de los barcos con el corazón apretado y esperanzado, en medio de la incertidumbre, y el dolor de lo que dejaban atrás.

En lo  personal, puedo conectarme con mis antepasados por línea materna, que llegaron a Colonia Valdense, tras siglos de ser perseguidos por su fe religiosa; corazones valientes que pudieron trascender experiencias de horror, para formar una comunidad, basada en su fe, y los principios de Fraternidad , Libertad, Justicia, Solidaridad, Integridad, Humildad.

Me emociona, leer las historias de persecución y muerte que sufrieron, recopiladas en libros que honran su memoria,  y que también forman parte de mi historia. Me emociona,  porque me ponen en contacto con la poderosa capacidad de resiliencia, de transformar el dolor y el miedo, en trabajo, esperanza y ternura. También viene a mi memoria, mi abuela por línea paterna, una valiente mujer que nació en el sur de Francia, y desafió con 15 años, los mandatos sociales que le imponían una vida restringida, para lanzarse al mundo, en la caravana de un circo, a forjarse su propio destino, y una vida llena de aventuras, pasión y trabajo.

Desde mi teclado, me estoy imaginando las maravillosas historias que tú, querido lector, también podrías sumar a la conciencia colectiva de nuestra fortaleza. Te invito a que  hagas ahora un alto en la lectura, y te conectes con tus propias historias, sintiéndolas pate de una historia colectiva que nos sostiene a todos.

Nuestros antepasados pudieron remontar incontables obstáculos, con todas sus vulnerabilidades a cuestas. En medio de muchas lágrimas, descubrieron, parafraseando a Camus, un coraje invencible.

Regando las propias semillas de poder

Como psicóloga, estos días, me ha tocado acompañar a varias personas que redescubrieron su propio poder interior.

Historias, como las de Micaela, que en medio de una crisis familiar, en el aislamiento de la cuarentena, encontró la manera de responder de una forma asertiva a los problemas. Pudo hacerse cargo de “su niña herida interior” y sacar lo mejor de sí para colaborar a resolver los conflictos familiares y generar un ambiente acogedor y alegre para sus hijos. Hacerse cargo de esa “niña herida”, significó conectar con el propio dolor, y el dolor de su historia familiar, y no permitir que  acciones impulsivas, reivindicativas, o quejosas, comandaran su conducta, como muchas veces pasaba, en circunstancias normales.

O historias como la de Claudia, médica en el interior, abrumada por la responsabilidad, y un crítico interior muy severo, que está encontrando la manera de cuidar a sus pacientes, lo mejor que puede, al tiempo que cuida su propio estrés.

Estas personas, enfrentadas a situaciones extraordinarias, encontraron adentro suyo, un reservorio de poder, del que no tenían plena conciencia, y tal vez, en situaciones ordinarias de la vida, no lo hubieran descubierto, tan pronto. Como dijo Micaela, “en el aislamiento de mi casa, en medio de los conflictos familiares, comprendí, que sólo me tenía a mí misma”.

Los psiquiatras y psicólogos infantiles, están encontrando que algunos niños, paradójicamente están mejor en esta cuarentena, de los que solían estar en las agitadas vidas que llevaban ellos y sus padres. Están más tranquilos, encontrando cosas que hacer, descubriendo una vida nueva, con menos apuros y más posibilidad de elegir actividades.[3]

Por supuesto que también están los niños que están padeciendo un ambiente familiar tenso o violento, y el encierro agrava todo aquello que ya venía mal, desgraciadamente en muchas ocasiones con consecuencias trágicas.[4] Pero también es cierto, que aún los niños que pertenecen a  familias que están sufriendo la falta de trabajo, si los padres pueden conservar un ambiente de cariño y contención, podrán transitar la crisis con un aprendizaje importante para sus vidas. Podrán aprender la lección de todos los recursos que los humanos podemos movilizar en tiempos de crisis, tal vez para unos sea la solidaridad de una olla popular, o la creatividad de una huerta familiar, reconocer el altruismo de los que los rodean, reconocer la capacidad de sus padres de resistir la adversidad, y crear nuevas oportunidades.

Claves para encontrar el propio poder

Aprender a estar con uno mismo, la creatividad interior

En estos tiempos que empezamos a vivir, de más recogimiento, menos convocatorias del afuera, menos distracciones, cambios en las rutinas del día a día para muchos, se abre la oportunidad de fortalecer y ampliar las formas de relacionarnos con nosotros mismos.

La capacidad de reconocer nuestro propio poder, no emana en nosotros de la nada,  brota de varias fuentes:

  • La capacidad de saber aceptar lo que no podemos cambiar y fluir con lo que nos toca, haciendo las mejores elecciones posibles
  • La capacidad de volver  al  momento presente, cuando la mente se va a anticipar peligros y amenazas o se pierde en patrones repetitivos
  • Saber generarnos un mundo interior rico en intereses, que podamos expresar en actividades creativas, como tejer, bordar, pintar, cantar, hacer jardín, cultivar la lectura o la música, cocinar, escribir, conversar con placer, etc , etc.
  • Saber acompañarnos  cuando experimentamos  dolor, o vemos sufrir a otros.

Cuando sabemos generar las condiciones, el poder también puede brotar de nuestra propia vulnerabilidad, como la bella flor del Loto, emerge hacia la luz, desde sus raíces hundidas en el barro. El coraje, puede entonces emerger en nuestros corazones, desde el miedo, desde nuestra disposición a acompañar nuestro miedo.

¿Cuáles son las condiciones para que esta metamorfosis sea posible?

Como todos sabemos, no siempre ocurre que del barro surja un hermoso Loto. Si no existen  condiciones suficientes, las semillas del coraje, la calma, la bondad, no pueden emerger.

A veces necesitamos de otra persona que sepa ver. Que sepa ver esas semillas en nosotros y nos transmita que cree que podremos. Entonces, también nosotros creemos en ellas, y nos sentimos motivados a cultivarlas.

Otras veces, es la conciencia colectiva, la fuerza del grupo, la que nos contiene, y entre todos hacemos posible que lo difícil sea un poco más fácil, en incluso en ocasiones, que lo insoportable se torne soportable. Como ejemplo, me viene ahora a la memoria lo que sentí al comienzo de la cuarentena,  al escuchar el coro de los esclavos judíos de la ópera Nabucco de Verdi, el famoso  “Va pensiero”. [5] En el tercer acto,  los esclavos que vivieron la destrucción de su tempo, y fueron expulsados de su tierra,  se reúnen, y cantan expresando su nostalgia por su tierra natal perdida. Entre todos, pueden armar un sostén colectivo, que les ayuda a  experimentar el dolor individual. Juntos, pueden rememorar la patria bella y perdida, y encuentran en  el dulce canto la fuerza para seguir adelante. Mientras escuchaba una y otra vez aquella música, yo también me dejaba sostener por las estrofas, para permitirme experimentar la tristeza por todo lo que estábamos viviendo. Me sentía una más en el coro, cantando para mis adentros. Así, aquel coro  que  rememoraba una historia lejana en el tiempo, era para mí también,  el coro de toda la humanidad del 2020.

La solidaridad y altruismo, que experimentamos como sociedad ante la amenaza del covid 19, ha sido también un maravilloso  sostén comunitario, que tiene su eficacia, no sólo por la ayuda material que vehiculiza, sino porque nos permite reconocernos en gestos nobles. Nos da fuerza para enfrentar el miedo, porque espeja las virtudes humanas, en las que podemos confiar.

La condición más importante para que en el dolor, puedan brotar nuestros recursos humanos más valiosos, es que podamos tener un continente amoroso que lo permita. Ese continente puede ser ofrecido por otra persona, por un grupo, por la comunidad, o por nosotros mismos, si hemos entrenado la capacidad de ir a un espacio interior, un refugio interior.

“En medio del caos, me pareció que había dentro de mí, una calma invencible”

Camus

Si tienes una práctica, como la oración, la meditación, mindfulness,  la compasión, o la comunicación consciente, tienes en ti un gran recurso, que se amplifica si cuentas con un grupo o una comunidad de práctica, que en este tiempo será probablemente virtual o semi presencial.

Estos próximos meses serán un momento muy privilegiado para retornar a tu práctica, o comenzarla.

Todos necesitamos nutrirnos, regar las semillas del coraje y la compasión, saber ir a nuestro refugio interior. Ojalá podamos aprender de esta experiencia inédita.


[1] En las redes ha circulado un bien intencionado texto, en el que se señala que no estamos todos en el mismo barco, sino que estamos en el mismo mar, algunos en yate de lujo y otros en canoas o a nado. Entendiendo la intención del autor, yo diría que sí estamos en el mismo barco, y comprender eso es vital. No existe tal cosa como unos barcos que se pueden hundir y otros seguir a flote. Si la pandemia no se controla, todos estamos en riesgo, a todos nos podría tocar necesitar un CTI, y no tener uno disponible, si la curva de contagios se dispara, y se saturan los servicios de salud. Tal vez, lo que sí es cierto, es que en el barco hay lugares de privilegio, y otros muy miserables. Pero el barco es el planeta, la naturaleza toda, de la que formamos parte.

[2] Para ampliar este punto ver: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2020-04-28/entrevista-fernando-valladares-coronavirus-vacuna_2569143/

[3] Ver entrevista a la Dra. Natalia Trenchi, para profundizar en este punto. https://www.youtube.com/watch?v=NROp_j8dbs0

[4] Para profundizar este punto ver: https://www.busqueda.com.uy/nota/un-virus-que-convierte-angeles-en-bestias

[5] https://www.youtube.com/watch?v=JTVXEGIS3LE Coro virtual, en época de corona virus: “Va pensiero”

https://www.youtube.com/watch?v=8o9UvK35cvk Puesta en escena de la ópera, coro: “Va pensiero”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *