CURANDO UNA HERIDA

Cuando un niño pequeño se cae y lastima, lo primero que hacemos es abrazarlo y calmarlo. Luego, cuando ya pasó el susto, le limpiamos bien la herida con agua y jabón, y le ponemos una curita para proteger la zona. Finalmente le cantamos alguna canción como por ejemplo ” sana sana culito de rana, si no sana hoy sanará ….mañana”

En la tradiciones populares hay mucha sabiduría, y en esta expresión está implícito el saber estar con el dolor, sabiendo que hoy está y quizás mañana se vaya. Este cantito y caricia, se realiza en el contexto de una relación de amor. Y eso es lo más importante: la actitud amorosa hacia la herida.

Entonces, vayamos ahora hacia nuestras heridas. Y reflexionemos ¿Cómo nos tratamos cuando tenemos una herida?

Piensa en la última vez que experimentaste un fracaso, una desilusión, que algo no salió como esperabas, puedes escribir una lista de la voz de tu critico interior, y observar qué cosas te dijiste a ti mismo en esos momentos.

Muchas de nuestras heridas habitan dentro nuestro, y se expresan en pensamientos, sentimientos y generan malestar, sufrimiento, si no las cuidamos. Así vamos cargando con heridas que no han sanado. La práctica de la auto-compasión puede ser una gran compañera para abrazar nuestro dolor.

MOVIMIENTOS COMPASIVOS

Las prácticas compasivas incluyen varios movimientos internos, que nos guían hacia donde llevar la atención y cómo hacerlo.

1- CORAJE DE VER LA HERIDA

EL primer paso para poder cuidarnos y ser compasivos con nosotros es simple: reconocer el dolor, el malestar, que ya está allí.

Para ello la práctica de Mindfulness, el estar presentes sin juicio y con apertura nos entrena en esta forma de observarnos.

2- RECIBIR LO QUE NOS OCURRE CON AMOR Y TERNURA

El siguiente paso es recibir la emoción, el dolor, todo lo que forma parte de la experiencia con ternura, amor, aceptación bondadosa.

Con paciencia, dejamos espacio, un lugar para que la herida esté y la reconocemos amablemente.

3- INTEGRAR LA HERIDA COMO PARTE DE NOSOTROS

La transformación paradójicamente ocurre cuando dejamos ser y no buscamos ningún cambio. ¿Qué ocurre entonces?

Si había una emoción que nos capturaba y nos sentíamos consumidos por ella, es posible que al dejarla ser ocurra lo natural, que pase. Si había un malestar físico, es posible que al dejarlo ser, cambie, se modifique, y facilitemos su evolución.

 

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