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Introducción

La palabra Yoga tiene varios significados, he aquí algunas de las definiciones :

La palabra Yoga, significa en sánscrito unión y también trabajo o acción para lograr esa unión.

Yoga es integración, de uno con uno mismo y con el todo.  Es  interesante en esta definición considerar la integración con el otro. En la práctica tomamos conciencia de nuestro ser, tomamos conciencia de que hay algo mayor que nos incluye del que formamos parte. El otro es parte de ese todo igual que nosotros, cada uno en su singularidad.

Se trata de un camino de autoconocimiento, que incluye prácticas diversas que armonizan el cuerpo y mente, hacia la experiencia de unidad.

Si bien la palabra compasión no aparece en los textos de yoga, la práctica puede ser una vía para cultivar la compasión y amabilidad hacia nosotros y los demás seres.

Reflexiones sobre Yoga en Occidente

Vivimos en una sociedad de consumo, con mucho estrés, cargados de actividades donde domina el “modo hacer”.

El tiempo es un gran enemigo, vamos corriendo atrás del reloj,  con dinámicas veloces de comunicación,  comprando alimentos light para comer sin engordar y llegamos a final de año exhaustos deseando “desconectarnos” e irnos de vacaciones.

En mi familia se secucha: “la vida es una lucha” y esta expresión popular tiene que ver con el pensamiento Darwiniano, donde la especie que sobrevive es la más apta.

Cada uno mira por sí mismo, porque si no “la queda”.

La creencia de que siendo autoexigentes y autocríticos “sacamos lo mejor de nosotros” está instaurada en nuestra educación, en nuestra cultura y se viene transmitiendo de generación en generación.

Esta forma de relacionarnos con nosotros también se replica en la relación con las demás y lo único que produce es dolor y sufrimiento. Nos aislamos, nos sentimos culpables e inadecuados.

En este ambiente contaminado de hostilidad, estrés y exigencia, el Yoga puede abrir camino hacia una nueva forma de relacionarnos con nosotros y con los demás o puede reproducir y fortalecer la hostilidad y exigencia ya existente.

En los últimos años la comunidad científica ha puesto la mirada en las prácticas de compasión, auto-compasión y mindfulness.

Según recientes investigaciones las prácticas de auto-compasión reducen la ansiedad, depresión, estrés, rumiación, perfeccionismo, vergüenza del cuerpo, temor al fracaso. Se ha constatado que las prácticas de amabilidad hacia uno mismo aumentan la satisfacción vital, felicidad, auto-confianza, optimismo, curiosidad, creatividad y gratitud.

Es importante destacar que las últimas investigaciones han comprobado que es posible entrenarnos en el cultivo de la  compasión. Hoy en día sabemos que el cerebro es plástico y que las actividades y situaciones a la que nos exponemos son capaces de remodelar nuestras conexiones nerviosas, nuestro cerebro. En la actualidad hay varios programas basados con mindfulness y compasión, con resultados muy favorables que confirman que la compasión es una capacidad de todos los seres humanos y que podemos cultivarla, si somos constantes y practicamos.

Por este motivo y por mi experiencia personal,  las prácticas de amabilidad y compasión pueden facilitar el camino hacia la unión, hacia la paz interior que plantea el Yoga desde sus orígenes.

¿Qué es la compasión?

La palabra compasión en occidente proviene del latín cumpassio que es un calco semántico o traducción del vocablo griego συμπάθεια (sympathia), que significa «sufrir juntos».

En la tradición budista, la compasión (Karuna)  es uno de los 4 aspectos del amor;  y refiere a la intención y capacidad de mitigar y transformar el sufrimiento y aliviar el dolor. Esta es la definición de compasión que podemos integrar a la práctica de yoga.

Según el Dalai Lama el amor es el deseo de que los demás sean felices. La compasión es lo que sucede cuando el amor se encuentra con el sufrimiento, es el deseo de que los demás estén libres de sufrimiento.

Es importante aclarar que las practicas de compasión budistas no se realizan para eliminar el dolor, si no para estar con el dolor de otra forma.

La compasión es el antídoto a la hostilidad; con compasión podemos abrazar el dolor del otro o el propio, ser amables y pacientes, y no generar más sufrimiento. De esta forma, es probable que transitemos con más serenidad y calma interior esta experiencia.

La auto-compasión surge cuando dirigimos esta actitud amorosa y comprensiva hacia nuestro propio dolor.

La metáfora del maestro zen Thich Nhat Hanh de la medre que cuida a su bebe para referirse a la auto-compasión es muy clarificadora. Podemos cuidar de nuestras emociones y dolor interno como una mamá calma a su bebe cuando llora.

Normalmente tendemos a evitar el dolor, evitar las tensiones, evitar el conflicto, y la compasión nos propone actuar desde otra lógica. Se trata de abrazar y atender con cuidado paciencia y mucho cariño lo que nos pasa.

Antecedentes de la práctica de compasión en el Yoga

El Yoga Tibetano del Corazón es una práctica que surgió hace más de mil quinientos años cuando llego el Yoga al Tibet y pertenece a la tradición Guelupa de los Dalai Lamas del Tibet.

La práctica de yoga fue transmitida al Tibet por primera vez por el maestro Naropa. (1016-1110) Estos ejercicios forman parte de una antigua tradición denominada “Las seis practicas” y los tibetanos la llamaron “La máquina del cuerpo”  Para abrir el corazón a los demás se introduce la práctica de Tong-len, que significa Dar y Tomar.

El Yoga del Corazón, es una práctica  que incluye respiraciones conscientes, recitación de un mantra, asanas simples y la práctica de Tong-len (Dar y Tomar) antes y durante las asanas.

La práctica de Tong-len consiste en tomar el dolor de una persona querida, amigo o familiar, que este transitando por dolor físico o emocional en ese momento y transformarlo impulsados por nuestro deseo profundo de aliviar su sufrimiento.

En esta práctica se visualiza a la otra persona y con cada inspiración se toma parte de su dolor.

Imaginando su dolor como un humo negro que entra por la nariz y en el momento que toma contacto con nuestro corazón, se transforma en luz.

Es importante aclarar que la práctica es progresiva, vamos tomando poco a poco parte de ese humo  y en ningún momento nos quedamos con el sufrimiento del otro dentro, si no que lo transformamos.

Según El libro tibetano del Yoga, “quitar el dolor de las otras personas es el alma del Yoga del Corazón. Y teniendo en cuenta que la mayor felicidad para uno es hacer felices a los demás, con el Yoga del Corazón conectamos con la plenitud y alegría interior”.

¿Cómo cultivar la compasión en el yoga?
  • Cultivar un lenguaje amoroso

La compasión se expresa también en cómo nos hablamos a nosotros mismos, esa voz interior que está comentando todo lo que va ocurriendo.

Podemos cultivar nuestro amigo interior en la práctica hablándonos con ternura y amabilidad, y es posible que esto luego se extienda a otros ámbitos de la vida. Por ejemplo podemos decirnos:

– estoy en camino, paso a paso

– todos nos encontramos con dificultades

– que pueda aceptar lo que está ocurriendo

– respiro, sonrió

El instructor puede recordar que cuando nos encontremos con dificultades, límites, cuidemos de no ir más allá, soltando la lucha, respirando, siendo pacientes y amables.

El instructor también puede alentar a reconocer los juicios que surgen y dejarlos partir, sin apego.

  • Relacionándonos con el dolor de otra forma

En la práctica de yoga entramos en contacto directo con nuestro estado interior, como esta nuestro cuerpo, en nivel de agitación mental y nuestro estado emocional.

Desde la compasión, podemos reconocer el malestar y dirigir amabilidad, bondad hacia esos lugares que duelen,  las tensiones, etc.

Germer y K. Neff sugieren decirnos palabras como:

  • Esto está aquí
  • El dolor es parte de la experiencia humana
  • Me merezco darme cariño

O también palabras que calman y den lugar a lo que está ocurriendo sin luchar:

  • Ablanda
  • Tranquiliza
  • Permite
  • Sonreír en la práctica y en la vida

La sonrisa nos abre el corazón.

La ciencia comprobó que la risa mejora nuestra salud, aumenta la capacidad de regular nuestras emociones, combate el estrés y la depresión y nos conecta con los demás.

En la prácticas de yoga recordar que podemos sonreír, nos puede ayudar a sintonizar con la amabilidad y salir de los lugares hostiles en que frecuentemente caemos durante la práctica.

Paul Ekman encontró en sus investigaciones que esbozar los movimientos musculares que componen la sonrisa, provoca los mismos cambios en algunas zonas cerebrales que la sonrisa espontánea.

Conclusiones

Teniendo en cuenta las últimas investigaciones acerca de la posibilidad de cultivar la compasión y los beneficios de su práctica; y considerando que en la historia del Yoga, ya se han introducido prácticas especificas de compasión en la zona del Tibet, es interesante plantearse la posibilidad de re-introducir  las prácticas de compasión  como una forma de facilitar la integración de los practicantes de Yoga en occidente, como un antídoto a la exigencia y hostilidad que predomina en nuestra sociedad actual.

 

 

 

 

 

 

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