La vida nos ofrece a veces metáforas inesperadas

El año pasado, en un examen de rutuna, saltó que me había subido el  “colesterol malo “, y bajado el “bueno”.

Me derivaron a una nutricionista, para hacer ajustes en mi alimentación.

Con disciplina y entusiasmo, emprendí algunos cambios, básicamente  en la manera de combinar alimentos, y en cómo sustituir materias primas clásicas por otras ,  e incorporar mayor cantidad de alimentos saludables, además de dejar completamente algunos otros que, por desgracia, me gustan mucho.

Como sabía que los resultados de esta nueva “dieta” tardarían en expresarse en los valores de los análisis clínicos, siguiendo los consejos de la nutricionista, concentré la  retroalimentación  positiva de mi decisión de cambio, en el chequeo de  los centímetros que disminuía mi cintura, y los kilos de peso que bajaban.

Entre los meses de verano, poco motivantes para hacerse análisis,  y luego el inicio de la pandemia del 2020, demoré la realización del análisis clínico, para chequear nuevamente el nivel del colesterol.

En ese lapso, lo que había comenzado con gran disciplina y alegría, se fue desdibujando  en los meses de verano, y en el largo otoño e invierno de la pandemia, lapso durante el cual interrumpí el seguimiento con la nutricionista.

De todos aquellos cambios  que comencé, fueron quedando algunas pocas conductas que se hicieron hábito. En realidad, si tengo que ser sincera, sólo dos nuevos  hábitos se mantuvieron. Más cantidad de algunos alimentos, y la nueva forma de  combinar los alimentos que siempre consumí.

Sobre el fin del invierno, pasado casi un año desde que comencé “la dieta”, me realicé un chequeo médico. Tengo que admitir que fui como quien dice “con la cola entre las patas”, esperando que lo que yo suponía fuera -una muy insuficiente adhesión a los nuevos hábitos-, resultara en un contundente fracaso. Tal vez incluso, hubieran empeorado los valores, teniendo en cuenta que por la pandemia había estado realizando menos ejercicio físico los últimos meses.

Grande fue mi sorpresa, cuando la médica me leyó los resultados, y con una sonrisa me dijo que había subido mucho el colesterol bueno, y había bajado un poquito el malo, aunque el descenso no era estadísticamente significativo. Lo más importante-me dijo-es que hubiera subido el bueno, con esos valores, el potencial daño de colesterol malo, se neutralizaba.

El contexto lo cambia todo

Muchos aspectos de la vida, se comportan como el colesterol. El mismo problema cambia según el juego de fuerzas en que se encuentra, en muchos ámbitos de la vida.

Un revés financiero, no tendrá el mismo efecto si hemos podido reunir un ahorro de respaldo, o una buena reputación que nos permita pedir un préstamo. El fracaso de un proyecto no repercutirá igual en nuestras vidas, según hayamos puesto los huevos en una sola canasta o en varias. Si hemos construido fortalezas espirituales, emocionales, afectivas, vinculares, tendrá un  peso muy diferente.

Un error o equivocación, incluso si con él hemos lastimado emocionalmente a una persona, no tendrá el mismo efecto, si hemos construido bases para que la reconciliación sea posible. Es decir si hemos invertido en ese vínculo el suficiente aprecio, afecto, tiempo y hemos ejercitado formas de reparar y aprender de la experiencia.

Un disgusto, no nos afectará de la misma manera, si quedamos presos de la impulsividad del momento o nos zambullimos en el malestar, que si  disponemos de habilidades de regulación emocional. Una emoción displacentera como la tristeza, puede tener el poder de hundirnos en la desesperanza, sólo si no podemos ver las pequeñas y grandes oportunidades que nos da la vida, de conectarnos con la belleza, el aprecio, la amistad. Si miramos en profundidad,  en la vida está todo disponible, es posible enfocar en la totalidad, en lugar de quedarnos atascados mirando las penas.

Hay problemas que no tienen solución

La totalidad de los seres humanos, tenemos que convivir con problemas que no tienen solución.

Como quedó al descubierto tras la investigación del  Dr. John Gottman y su equipo de la Universidad de Washington, las parejas pelean por las mismas cosas a lo largo del tiempo. Los conflictos no tienden a desaparecer. Lo que puede hacer la diferencia es la forma en que las personas aprenden a lidiar con los puntos problema en una relación, y sobre todo, la riqueza de la relación en las zonas de no conflicto. Es decir, los conflictos, no se resuelven, se aprenden a manejar, y se vuelven llevaderos, por las cualidades positivas que se cultivan en ese contexto relacional.

Y si te fijas, esto que Gottman  y su equipo descubrieron a lo largo del seguimiento realizado a miles de parejas en EE UU, en su investigación de más de 25 años, vale para todas las relaciones humanas. Todos tenemos características de personalidad y temperamento, que se mantienen en un rango de peor a mejor versión de las mismas, y naturalmente chocan con las de otras personas, aún con las que más queremos. En realidad, los conflictos interpersonales pueden ser un motor para progresar, mejorar en habilidades y cualidades personales como tolerancia, paciencia,  firmeza,  autoconocimiento, y  no van a desaparecer de tu vida.

Tarde o temprano a casi todos nos  toca lidiar con alguna enfermedad crónica, o alguna condición de salud, con la que hay que aprender a convivir, como las secuelas de un accidente, o la simple llegada de los años. En muchos momentos de la vida nos topamos con algo que no podemos cambiar, alguien que se va, una persona o mascota querida que fallece, un hijo que vemos sufrir, sin poder hacer más que acompañar, una decepción.

Muchas veces las personas nos obsesionamos,  invertimos mucha energía en resistirnos a lo inevitable, batallando las mismas causas, cayendo una y otra vez al mismo pozo de sufrimiento.

Podemos pasar mucho tiempo protestando, quejándonos, peleando por las mismas cosas, sin obtener ningún resultado. Incluso las interacciones cotidianas con los niños sanos pueden tornarse  en trillos repetitivos de malestar programado.

En fin, todos tenemos este tipo de  experiencias para contar que podríamos agregar a la lista.

Entonces, ¿cómo es eso de que el contexto lo cambia todo, aunque haya cosas que no podamos cambiar?

Empieza por enriquecer el contexto

A veces soltar la batalla, puede ser lo más sabio que podamos hacer.

Pero esto no quiere decir, resignarnos. Todo lo contrario, pude ser un tiempo de no hacer, muy fecundo, que nos permita discernir dónde puede valer la pena poner la intención, la atención y el esfuerzo.

Un cambio pequeño mantenido en el tiempo, es algo poderoso

Como me sucedió a mí, en general, tendemos a no reconocer el efecto que puede tener un pequeño cambio de hábitos. Sin embrago es algo ampliamente documentado.

Por ejemplo, una persona sedentaria, que comienza a caminar entre 20 y  30 minutos, tres veces a la semana, obtendrá un resultado extraordinario en su salud cardiovascular. Estadísticamente, tendrá una esperanza  de vida mayor que otra sedentaria, y una calidad de vida mejor. Es sabido por todos, los efectos beneficiosos  en la salud pública de las campañas para reducir el consumo de  sal, azúcar y tabaco. Pequeños cambios de hábitos en la población, han hecho descender las cifras de mortalidad por cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares en los países donde las campañas han sido exitosas.

Como decían las abuelas, “cuida las cosas pequeñas, que las grandes se cuidan solas”.

Pequeños hábitos nuevos pueden enriquecer mucho tu vida, y formar de a poco un nuevo contexto.

La investigación en ciencia de la felicidad, viene demostrando que invertir en nuevos hábitos que ayuden a ampliar nuestra visión, a expandir nuestra capacidad de percibir,  a aprender a hacer contexto para nuestros problemas e historias de sufrimiento es mucho más poderoso de lo que creemos. Y por suerte, también  más fácil de lo que suponemos.

Un pequeño hábito de felicidad, puede ayudar bastante, dos pequeños hábitos, pueden ayudar mucho, tres pequeños hábitos mantenidos en el tiempo pueden hacer una diferencia inmensa.

Lo que define un hábito, es su cualidad de ser una conducta que se repite periódicamente, como lavarnos los dientes, ordena tu casa, lavarnos las manos, hacer cuatro comidas al día, tomar colaciones, hacer deporte, comer fruta, escuchar tu programa de radio favorito, etc. Algunos hábitos se repiten varias veces al día, otros una vez al día, otros algunas veces a la semana.

¿Qué nos ayuda a crear hábitos nuevos?

Como vivimos muchas horas al día, en un estado de la mente más bien reactivo,  con cierto grado de inconsciencia, o enfocados en los hábitos viejos, crear nuevos hábitos requiere algunos facilitadores:

Intención clara. ¿Para qué lo estamos haciendo? El nuevo hábito tiene que estar alineado con algo que es valioso e importante para ti.

Que el hábito tenga reforzadores que nos motiven, si nos  gusta hacerlo, nos trae bienestar, es más probable que lo repitamos.

Que nos sintamos competentes haciéndolo, lo mejor es que sintamos que los desafíos están a la altura de nuestras posibilidades.

Que sean sostenibles en el tiempo, y armonicen con nuestra vida. (Edad, situación vital, estilo de vida)

5 pasos para descubrir tus hábitos de felicidad [i]

Haz una lista con 4 casilleros respondiendo a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué es importante para ti?, ¿qué te motiva, qué es lo que más valoras en la vida?
  • ¿Qué disfrutas, qué te da alegría, serenidad, u otro sentimiento que satisfaga una necesidad en ti?
  • ¿Qué área de tu vida necesitas expandir, para equilibrarla y  satisfacer mejor tus necesidades?
  • ¿En qué tipo de actividades te sientes  competente, es decir suficientemente bueno, sea porque se te da fácil, o porque los desafíos están acordes a tus posibilidades?

Fíjate las zonas de coincidencia, anota las actividades  que podrías incluir en esas cuatro  filas.

Una vez tengas algunas actividades identificadas, pásalas por la prueba de sostenibilidad:

  • ¿Son sostenibles las actividades que elegiste para ritualizar? ¿son apropiadas para este momento de tu vida, edad, salud, situación familiar y social?

Comparto aquí mi lista a modo de ejemplo.

Punto 1 ¿Qué es importante para mí?: mi familia, contribuir al bien común, tener conciencia ciudadana, ser buena en lo que hago, disfrutar de la vida, cuidar mi salud

Punto 2 ¿Qué disfrutas? : estar en la naturaleza; los espacios armónicos, con cierto sentido estético; las sensaciones de calidez;  cantar, bailar; andar en bicicleta, caminar; estar en familia, estar con mi nietita; escribir;  reunirme con amigos

Punto 3 ¿Qué necesitas expandir?:  Más reuniones con amigos, espacios para cultivar mi espiritualidad, más tiempo libre.

Punto 4 ¿En qué actividades te sientes suficientemente buena?:  escribir, organizar, andar en bicicleta, bailar, cuidar plantas, ambientar, reunir gente para hacer que pasen cosas que considero importantes, motivar a otros, estudiar, aprender.

Encontré algunas actividades que puedo incluir  en tres o cuatro de los ítems. Mis hábitos de la felicidad incluyen entonces, ritualizar estas actividades:

  • Actividades en la naturaleza :

Salir a caminar, andar en bicicleta, por lo menos tres veces a la semana

Irme para afuera, pasar tiempo en la naturaleza sin hacer nada, por lo menos  cada 15 días cuando hace buen tiempo

Cuidar mis plantas, hacer huerta, casi todos los días.

  • Actividades en familia

  Organizar reuniones,  generar espacios para que las reuniones sean posibles y todos    estén a gusto, incluída yo misma,  una vez a la semana

Pasar un rato con  mi nietita, por lo menos 4 veces a la semana

  • Siempre estar con algo interesante en mente para aprender y escribir, darme espacios para escribir , por lo menos tres veces a la semana
  •   Canales de calidad por los que me mantengo informada   ( mis programas favoritos, mi periodista favorito, en especial de radio, porque me permite hacer otras cosas mientras escucho, al mismo tiempo que me da una sensación de conexión y pertenencia; lectura, escuchar podcast de temas que me interesan), diariamente
  • Prácticas espirituales : Pausas de 5 minutos; parar y tomar conciencia de todo lo que tengo para agradecer, parar  para apreciar la belleza donde se encuentre, varias veces al día

Meditar, practicas de 10 minutos, por lo menos 5 veces a la semana

Lo que me gustaría, pero no es sostenible: no puedo bailar porque tengo una lesión crónica en el pié, y no me conviene exigirlo, no puedo reunirme mucho con amigos,  organizar reuniones concurridas,  ni cantar en grupo, por la pandemia.

A continuación te comparto una lista de algunas actividades, que tienen un efecto positivo en el bienestar y felicidad en nuestras vidas, según los estudios científicos. El efecto positivo, es proporcional al grado en que repites la actividad, es decir, depende de que la transformes en un hábito.

  • Agradecer, por ejemplo llevar un diario donde anotas cada día algo que tienes para agradecer, o ponerte un aviso en el celular para pautar pausas de 3 minutos , en las notas lo que tienes para agradecer en ese día o momento.
  • Hacer ejercicio físico , salir a caminar, correr, andar en bicicleta
  • Cultivar una mirada apreciativa de uno mismo y los demás, por ejemplo parar y reconocer  cualidades positivas, en vez de enfrascarnos en lo que nos molesta.
  • Cultivar relaciones íntimas, compartir estados afectivos, participar en actividades que nos brinden una experiencia de conexión
  • Llevar un diario reflexivo, donde expresemos nuestras emociones y vivencias, escribir
  • Cantar y bailar en grupo
  • Hacer algo simplemente porque te gusta hacer , arte o un deporte,
  • Pausas amigables a lo largo del día, de 5 o 3 minutos , por ejemplo hacer unas respiraciones conscientes, volver la atención al aquí y ahora.
  • Cultivar el contacto con la naturaleza
  • Ayudar en actividades solidarias
  • Nutrir tu mente con contenidos elegidos, como la lectura, investigar sobre temas de tu interés, nutrirte con información de calidad
  • Participar en actividades comunitarias, pertenecer a grupos.
  • Ser auto compasivo , lo que más correlaciona con la felicidad es cultivar una mente bondadosa
  • Practicar la amabilidad, expresar cariño, lo que más correlaciona con la felicidad es cultivar un corazón bondadoso
  • Practicar Mindfulness, estar en el aquí y ahora, disciplinar tu mente, volver la atención errante, son formas de hacer espacio en tu interior, hacer contexto, a lo que sea que te esté pasando.

¡Enfócate en enriquecer tu felicidad como si fuera el colesterol bueno, los problemas tendrán menos poder, aún cuando no los puedas resolver!

Desde proyecto Mindfulness creamos el grupo de Facebook CULTIVANDO LA FELICIDAD, y queremos invitarte a formar parte de esta comunidad para motivarnos entre todos a crear hábitos de felicidad.



[i] Adaptado de La ciencia de la felicidad Cavali Sforza

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